Con el ánimo de mantener viva nuestra página, me decido a escribir sobre algunos aspectos del golf, pero no técnicos, puesto que ya hace tiempo que entré en la categoría de jugador “inmejorable”, es decir, que la propia naturaleza y el “calendario” me han convencido para que no siga insistiendo en tratar de “mejorar”, pues es algo que no tiene remedio. Mi aportación se refiere a una visión personal desde la mirada de aficionado al dibujo y a la pintura.
Nos movemos en unos parajes, donde la belleza y la espectacularidad de los campos nos parece ya natural, pero al menos para mí no lo es. Cada campo y cada calle es una obra de arte que se nos ofrece a los sentidos.
Cada día que salgo a jugar en Añoreta, mi campo y mi club, lo veo distinto. Los colores cambian; unas veces son puros, claros y luminosos, como lo plasmaría en un lienzo, con breves pinceladas, un pintor impresionista, y otras veces, cuando está nublado, las mismas calles se tornan grises, brumosas, pero siempre espectaculares. No es lo mismo jugar por la mañana que por la tarde, cuando el sol comienza a ponerse y cambian todos los colores.
Salir en cualquier campo constituye una autentica fiesta para los ojos y su magia ejerce una poderosa seducción tanto para los jugadores veteranos como para los principiantes.
Nunca podré olvidar el impacto que me causó jugar en Sotogrande, uno de los campos más espectaculares, y de los mejores de Europa, que he pisado gracias a nuestro amigo Juan Pedro S. Guerrero, a quien nunca se lo agradeceré bastante. O las sensaciones cuando, en plena Sierra Morena, me llevaron de
Cuando saqué la tarjeta de federado, hace más de veinte años, dudaba que el golf terminara “enganchándome”, como decían mis amigos. Creía que me faltaba espíritu competitivo y condiciones físicas. Los rabazos y los “no, hombre, no”, eran mis inevitables compañeros, pero persistí y aquí estoy. Los rabazos fueron disminuyendo y me permitieron disfrutar de este juego incomparable, hasta el punto de poderos asegurar que el golf no es sólo un deporte, sino una forma de vivir.
Con estos comentarios sólo trato de animar a quien haya abandonando su práctica o acuda de tarde en tarde al campo, pretextando cualquier motivo, por muy razonable que sea. Mi consejo es que no lo dejéis. Más pronto o más tarde os jubilaréis y vuestro tiempo libre querrá acapararlo vuestro entorno. No lo permitáis. Jubilación viene de “júbilo” y vuestra lucha ha de ser cambiar el hospital por el campo de golf.
Alberto Cañamero. 23 de Diciembre de 2009
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