El pasado 22 de enero celebramos en el Real Club de Campo de Málaga, hoy “Parador de Málaga Golf”, en Torremolinos, nuestro primer encuentro de este año. Si he mencionado el nombre del antiguo “Real Club de Campo”, no es por casualidad, sino por ser uno de los campos de golf más veteranos de España, ya que su solera se remonta al año 1925.
Personalmente me gusta conocer la historia de los campos por donde piso, cuando la tienen, y si alguno de vosotros demuestra interés no tendría inconveniente en narraros alguna fábula curiosa. Soy de los convencidos de que ciertos hoyos de los históricos campos de golf tienen alma, pero ahora no es el momento de contar leyendas, sino de hacer la crónica del “I Encuentro 2.010”.
Por la tarde noche del día 21 fuimos llegando desde Cataluña, Andalucía y resto de nacionalidades, al Hotel Guadalmar y, como siempre ocurre, aquí es donde con los apretones de manos y sonrisas comienza la fiesta.
A las 9, después de desayunar, salimos en dirección al campo, donde el resto de compañeros fue incorporándose. Amaneció una mañana fría, pero pronto salió el sol y a media mañana pudimos disfrutar de una magnífica temperatura.
Éramos veinte jugadores y queríamos hacer las cinco salidas, como debe ser, iniciándolas por los hándicaps más bajos. La primera la formaban Jordi Ruscalleda, Juan Sabaté, Juan Pedro Sánchez y Roberto Rudski, pero este último, que venía de Marbella tuvo problemas de tráfico y se incorporó con retraso en el hoyo 2.
Durante el cocktail y almuerzo se hizo el recuento de las tarjetas y celebramos la entrega de trofeos a los mejores del día.
El primer premio stableford fue para Juan Pedro Sánchez, pero con escasísima diferencia con el segundo, que fue para Enrique Alvarez Cienfuegos. En tercer lugar puntuó Roberto Rudski, a pesar de haberse anotado una raya en el hoyo 1, y le siguieron los de siempre: Jordi Ruscalleda, Juan Sabaté,… y ya se va “metiendo” en estas primeras posiciones Carlos Solduga.
Hubo trofeos para los diez primeros clasificados y un recuerdo para todos los jugadores.
Algunas noches he acudido este Parador a tomar una copa, mirando al mar y a la luz de la luna. Por las noches multitud de personas, que no pueden acudir durante el día, se cuadran ante las bolas amarillas de la calle para practicar su swing. Una vez se me ocurrió tomar un palo y “tirar unas bolas”. Tiene su encanto, pero la perspectiva de jugar a la luz de la luna, no era cierta. Aquello eran prácticas a la luz de los focos y me retiré. Creo y defiendo que el golf y el paisaje deben ir unidos y aquello no era lo mío.
Alberto Cañamero
Enero 2010
Asociacion de radiólogos aficionados al golf
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